En la educación ponemos tantas esperanzas que siempre nos queda debiendo. Sin embargo, enfocarnos en lo faltante puede tornarse en una postura cómoda: al denostar los resultados educativos y lamentar todo lo que falta por hacer, nos pavoneamos de nuestra afilada mirada crítica o refrendamos nuestras credenciales progresistas, pero olvidamos que un vaso medio vacío también está medio lleno, y no necesariamente abrimos caminos para encontrar salidas efectivas. Otro problema habitual es la contradicción entre lo que se dice y lo que se hace: la educación tiene muy buen nombre, pero no suele ser el ámbito para el que se invierte más dinero público, como tampoco se escoge necesariamente el perfil más capacitado y comprometido para encabezar la Secretaría de Educación. 

Contra estas tendencias, el Dossier de Educación en Común busca poner los graves problemas de la educación verdaderamente al centro, pero sin catastrofismos. Con el objetivo de habilitar el reconocimiento, el diálogo y la posibilidad de imaginar nuevos caminos, hemos reunido artículos de docentes, investigadoras e investigadores educativos comprometidos desde distintas trincheras. En conjunto, abordan diferentes niveles de lo escolar, desde la educación básica hasta la investigación posdoctoral, así como distintos discursos, actores y contextos, desde el estudio de los efectos de criterios meritocráticos en contextos de fuerte desigualdad (Daniel Cobos), el análisis de los usos del concepto de “competencias” (Roberto Acevedo), o de los libros de texto (Gisela Mariño), hasta la observación más apegada a la vida cotidiana de las y los docentes en zonas donde la violencia se ha vuelto habitual (Alberto Colín), la experiencia de jóvenes investigadoras en la Ciudad de México (Isaura Castelao), o los aprendizajes involucrados en las rutinas agrícolas entre las familias de un pueblo mixe de Oaxaca (Rafael Cardoso). 

Desde Revista Común nos preguntamos: ¿Cómo construir lo común si somos tan diferentes? ¿Cómo podemos cuidar la diferencia y la diversidad sin renunciar a lo común? ¿Qué papel ha jugado la educación en esta búsqueda? Si bien reconocemos que la escuela no es el único espacio en el que se fraguan los procesos educativos, sin duda juega un papel fundamental. Es por eso que la escuela y la educación escolar aparecen de manera central en los trabajos aquí reunidos.

Los abordajes en torno a la escuela, no obstante, se plantean desde diferentes ángulos, e incluso con tensiones entre sí. Presentamos tanto una reivindicación crítica de la escuela, como actualizadas discusiones sobre el papel de la escolarización en la reproducción del colonialismo, la homogeneización, la explotación y la desigualdad. Creemos, en ese sentido, que estos abordajes pueden permitirnos sopesar aquello que la escuela ha permitido en términos de la conformación de espacios suspendidos, habilitados para el encuentro y la imaginación y construcción de horizontes posibles. Al mismo tiempo, consideramos indispensable nombrar los asedios de la violencia, la exclusión, la desigualdad, el racismo y el sexismo que prevalecen en algunas formas de lo escolar. Ambas estrategias nos convocan a repensar las rutas que le damos a la escuela y a la educación en sus sentidos más amplios. Finalmente, el capítulo con el que se cerrará este dossier aborda la educación fuera del espacio escolar, en una localidad de hablantes de la lengua mixe, para proponernos formas de pensar el aprendizaje común que aborden tanto lo humano como la naturaleza.

La relación entre la izquierda y la educación es de larga data. La atracción entre ellas no es falsa ni efímera. Una mirada crítica del statu quo inequitativo difícilmente renunciaría a usar la herramienta que aspira a configurar las experiencias de socialización y de aprendizaje inicial y a lo largo de la vida. La educación es sin duda un artefacto potente para construir un nuevo presente y un futuro. Sin embargo, el texto de Inés Dussel con el que abrimos este dossier sugiere que el afán crítico de la izquierda, a pesar de su enorme interés en la educación, puede llevarnos a generalizaciones poco generosas con la escuela y en última instancia poco útiles para los objetivos de igualdad y justicia social ¿En verdad es la escuela un espacio forzosamente alienante u opresor para las mayorías subalternas o para las minorías sometidas? ¿Y si pudiéramos repensar qué es lo que sí ofrece o podría ofrecer la escuela? En productivo diálogo con la filósofa política Hannah Arendt y con los filósofos de la educación Jan Masschelein y Maarten Simons, Dussel propone que la escuela hace un aporte específico que se les escapa a muchos de los discursos críticos sobre la educación y que debe ser defendido. Se trata de un “espacio-tiempo diferenciado y suspendido de lo cotidiano” que aspira a separarse del mundanal ruido, no por un deseo aristócrata o burgués de distinción, ni por mera arrogancia intelectual, sino todo lo contrario: para hacer posible para todos y todas la reflexión y el estudio, que a su vez permitirán re-imaginar un nuevo mundo y nuevos comienzos, al tiempo que se intenta ejercitar la “igualdad radical” al interior del espacio-tiempo escolar.

Por otra parte, desde los enfoques socio-político, socio-cultural y socioeconómico, el dossier aborda complejas inequidades y violencias cotidianas. Alberto Colín investiga cómo las condiciones de violencia generalizada en diversas regiones del país están permeando las comunidades escolares. Aborda la suspensión de clases por la inseguridad, el cierre de escuelas, el desplazamiento de familias, así como la experiencia particular de las y los docentes críticos, que emergen como blancos de las organizaciones criminales. Indaga también en las estrategias tanto individuales como colectivas de las y los docentes para hacer frente a esas problemáticas en las escuelas, lo cual produce nuevas interrogantes para la investigación educativa: “¿El profesorado está formado para lidiar pedagógicamente con estas problemáticas? ¿Hasta qué punto los maestros pueden establecer iniciativas para el resguardo de la vida del alumnado en las escuelas? ¿Existen elementos curriculares que abonen a la resolución de estos problemas?”

Por su parte, Daniel Cobos plantea los efectos de pertenecer a niveles socioeconómicos bajos cuando se desea ingresar a la educación media superior en la zona metropolitana de la Ciudad de México. Cobos narra las estrategias que implementan las y los aspirantes para someterse a los exámenes de asignación. Así, recupera la manera en que se entrelazan las condiciones materiales de vida, las relaciones y expectativas familiares y de las amistades, así como la orientación y el acompañamiento por parte de las instituciones educativas para preguntar: “¿Cómo se legitima esta forma de organización de la transición [por medio de los exámenes de asignación]? ¿Qué pasa con las decisiones educativas entre las y los jóvenes y sus familias en un contexto de desigualdad de oportunidades educativas?”. También se cuestiona si, de aprobarse la eliminación del examen de asignación COMIPEMS, ello resolvería la situación de exclusión, o si cabe esperar que se presenten nuevas e incluso más agudas formas de la desigualdad.

El texto de Paola Vargas arranca así: “Soy nieta de campesinos sin tierra, hija de migrantes internos que se fueron a la capital a buscar un mejor futuro y que lo único que pudieron heredar a sus hijos fue la educación”. A partir de este primer momento de reconocimiento, Vargas nos propone una pregunta: ¿Qué tienen en común la interseccionalidad y la interculturalidad?”. Siguiendo una genealogía crítica de ambas nociones la autora busca poner de relieve los puntos de encuentro entre ambas, subrayando que, en última instancia, se trata de campos de reflexión y de debate que involucran teoría y práctica, discurso y acción. Ya no basta con proponer formas educativas desde la interculturalidad, como tampoco basta la interseccionalidad en sí misma como apuesta, es indispensable tejer una articulación entre ambas que las potencie. ¿Cómo podemos alimentar las rutas que nos plantea Vargas para tensionar y transformar el campo educativo?

Los problemas de la educación a ras del suelo que analizan estos estudios vienen en parte configurados por las políticas y los materiales educativos generados por la Secretaría de Educación Pública, inmersa tanto en tendencias internacionales como en disputas políticas y culturales nacionales. Para ejemplificar estas cuestiones, está el texto de Roberto Acevedo sobre el concepto de “competencias”, que muchos dolores de cabeza ha generado entre las y los docentes. Tenemos, también, el análisis de Gisela Mariño sobre la forma en que el conservadurismo gubernamental en la primera década del siglo XXI marcó el abordaje de la reproducción sexual en los libros de texto gratuito de biología.

Acevedo nos muestra la complejidad del término “competencias” en la esfera internacional y en México. Devela cómo, si bien algunos usos del concepto subordinan los objetivos de aprendizaje a los intereses del mercado laboral, lo cierto es que su primera aparición registrada data “de 1964, cuando Noam Chomsky publicó un libro titulado Aspectos de la teoría de la sintaxis”; allí la preocupación central eran las habilidades lingüísticas en sí mismas. Si nos preocupamos por las habilidades de todas y todos, ¿qué apropiaciones de estas herramientas podríamos imaginar para una práctica educativa emancipadora, para una escuela que efectivamente impulsara a sus estudiantes a repensar y reinventar el mundo desde una mirada crítica y cuidadosa de lo común?

Partiendo de un breve pero revelador recuento histórico de los conflictos generados en torno a la educación sexual en México, Gisela Mariño señala algunos avances que existían al comenzar el siglo XXI y describe el retroceso de 2008. Nos muestra con detalle la forma en que el lenguaje y las imágenes de los libros de texto de biología de ese año literalmente desdibujaron los cuerpos de las mujeres embarazadas para centrarse en la representación de los fetos, al tiempo que las relaciones sexuales se reducían a una mera “función reproductiva”, omitiendo sus aspectos afectivos, eróticos, psicológicos y sociales. Así, nos deja abierta una pregunta fundamental sobre las relaciones entre sexualidad y poder.

Sumándose a las preocupaciones por las distinciones y desigualdades de género, Isaura Castelao comparte un trabajo provocador donde pone de relieve la manera en que éstas se expresan en la vida académica. Analiza cómo los cuidados y las prácticas cuidadosas son menospreciadas dentro de una academia altamente neoliberalizada. Sin embargo, a partir de la investigación con estudiantes de doctorado de la UNAM, Castelao también recupera testimonios sobre la relación que las estudiantes entablan con sus asesoras y asesores para reconocer el lugar central que las prácticas de cuidados y cuidadosas ocupan en las experiencias estudiantiles. Este análisis nos permite reconocer que muchas de estas prácticas en realidad tienen que ver con formas de trato digno, de colaboración, de respeto y reconocimiento del trabajo. La autora cierra con una pregunta urgente: “¿Es posible una academia cuidadosa?”

Como contrapunto a los artículos ya referidos, el texto de Rafael Cardoso, maestro de educación básica en Tlahuitoltepec, Oaxaca, no reivindica ni critica el espacio escolar, ni tampoco pone el foco en las formas de subordinación, explotación o exclusión de los pueblos indígenas. Su estrategia, sin embargo, no por ello es menos comprometida con un aprendizaje de lo común. Como investigador educativo, Cardoso observa cuidadosamente la experiencia educativa de las comunidades mixes, no para reiterar una diferencia esencializada, la cual redundaría en particularismos de grupos incomunicados con los de “fuera”, sino para retomar de tales prácticas lo que puede repensarse como “universal”, ya no como imposición, sino desde una propuesta dialogante que parte del conocimiento situado. De esta manera, Cardoso propone una forma de repensar lo que se ha llamado educación intercultural. No se trata tan sólo de identificar y fomentar las formas de aprender y enseñar desde la cotidianeidad, la lengua y la cultura locales, sino que se señala, además, que esta particular forma de aprender y enseñar tiene un mensaje común, para todas y todos.

Educación para construir lo común

Como dijimos al inicio de esta presentación, nos proponemos pensar la educación en común. Para ello, en este dossier, maestros y maestras aparecen como autores, o como quienes dan testimonio de sus difíciles condiciones de trabajo en medio de la violencia, la inequidad, la falta de recursos y las demandas de evidencias de trabajo o de productividad, que burocratizan el aprendizaje y el conocimiento al tiempo que agotan a docentes e incluso a estudiantes. Pero tenemos también los testimonios de estudiantes de secundaria que están por presentar sus exámenes de asignación, así como las experiencias de las y los estudiantes de doctorado. No se trata tan sólo de incorporar sus voces, sino de recuperar y profundizar “una contrapedagogía emergente que aún no ha adoptado una forma colectiva, pero que se basa en los principios de la educación popular para fortalecer los vínculos sociales, la confianza mutua y la empatía dentro de las comunidades escolares” (Colín). Se trata además de repensar nuestros métodos para crear espacios horizontales: por ejemplo, espacios “en donde el vínculo con las comunidades trascienda el extractivismo académico y coloque como protagonistas a los y las sabedores/as locales” (Vargas). Asumimos también la posibilidad de construir una academia cuidadosa (Castelao) como forma de dignificar las relaciones académicas, pero también como posibilidad de subvertir, así sea en un espacio acotado, el orden neoliberal. La importancia de las y los docentes y de las pedagogías emergentes, no debe opacar lo que nos recuerda Cardoso: lo humano se conecta con la naturaleza y los cuidados para la vida deben procurar que sea respetuosa, y no depredadora o extractivamente.

El diálogo con los textos reunidos nos sugiere preguntas que compartimos con el público de Revista Común: ¿Qué formas de hacer comunidad y de hacer escuela podemos construir que no impliquen colonización, explotación u homogeneización injusta, autoritaria? ¿Qué educación para lo común podemos imaginar que no implique, tampoco, la auto-explotación que olvida la necesidad de descanso, de cuidar el cuerpo y el alma? ¿Qué “igualdad radical” puede crear la escuela en medio de las violencias y las profundas desigualdades de la sociedad? ¿Cómo construir una ética del cuidado, la escucha y el respeto que abarque lo humano y lo no humano, que nos recuerde que somos parte de algo mucho más grande? Los artículos que irán apareciendo en este dossier no necesariamente tienen respuestas o soluciones a estas difíciles preguntas, pero sí contribuyen a repensar la escuela teniendo estas interrogantes como brújula para recuperar aquellas experiencias que ya están haciendo educación desde otras formas de imaginar la sociedad, y que a la vez desean inventar otra educación posible.

Índice

Inés Dussel, “Crítica de la razón crítica de la escuela”. 28 de octubre. (Léelo aquí.)

Alberto Colín Huizar, “Educar en el conflicto armado: desafío actual para el trabajo docente”. 31 de octubre.

Daniel Cobos, “La desigualdad de oportunidades educativas al amparo de la meritocracia en el paso a la educación media superior en la Ciudad de México.” 4 de noviembre.

Paola A. Vargas Moreno, “Esbozando articulaciones posibles entre interseccionalidad e interculturalidad”. 7 de noviembre.

Roberto Acevedo, “Las competencias educativas en México: anotaciones lingüísticas entre economía y educación”. 11 de noviembre.

Gisela Mariño, “Influencia del sector religioso en los contenidos de educación sexual de la SEP”. 14 de noviembre.

Isaura Castelao Huerta, “La trascendencia de las prácticas de cuidado y cuidadosas en la formación doctoral frente al embate neoliberal”. 19 de noviembre.

Rafael Cardoso Jiménez, “Wejën Kajën: Noción específica y universal de educación en el pueblo mixe, estado de Oaxaca”. 21 de noviembre.

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