Cas Mudde y la ultraderecha hoy: ¿una nueva anormalidad?

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Cas Mudde, La ultraderecha hoy, Paidós, 2021.


No es inusual que un investigador comience su carrera estudiando fenómenos de interés minoritario y termine trabajando asuntos dentro del mainstream. Lo que resulta más extraño es que eso ocurra sin haber cambiado su objeto de estudio. Es lo que le ha pasado al politólogo holandés Cas Mudde con la ultraderecha. Su libro  La ultraderecha hoy, recién traducido al español por Paidós, es un intento de entender lo que ha ocurrido con esta corriente política desde 2000, un proceso en el que ha pasado de ocupar los márgenes de la política al centro del tablero. ¿En qué consiste la reciente normalización de la ultraderecha? ¿Cuáles son sus causas y consecuencias? Aunque las respuestas de Mudde no son tranquilizadoras, merecen una reflexión urgente desde la izquierda.

El tema de nuestro tiempo. La publicación de La ultraderecha hoy no podría ser más oportuna. La violenta entrada al Capitolio de trumpistas y supremacistas blancos el 6 de enero de este año ha sido el episodio más reciente —triste, terrible y fascinante— de una serie de eventos que muestran una ultraderecha cada vez más envalentonada, no sólo en Estados Unidos. 

Como el propio Mudde cuenta en una columna publicada a principios de año (“What happened in Washington is happening around the world, en The Guardian), en 2021 ultraderechistas anti-vacunas intentaron irrumpir en el parlamento alemán y, al menos desde 2019, la ultraderecha holandesa ha destruido oficinas públicas y amenazado a políticos. En buena parte del mundo, la crisis causada por el COVID-19 ha sido aprovechada por políticos ultraderechistas para avanzar sus propuestas. La normalización de esta corriente política ha llegado de la mano no sólo de su entrada a espacios mediáticos y culturales donde antes no tenía cabida sino de un inusitado éxito electoral. Hasta hace algunas semanas, tres de los países más poblados tenían un líder de ultraderecha: Brasil con Jair Bolsonaro, India con Narendra Modi y los Estados Unidos con Donald Trump. En otros contextos, sus partidos cosechan triunfos en las elecciones y en algunos casos gobiernan. Su estudio es, pues, asunto de interés público.

Cas Mudde: de los márgenes al centro. Cas Mudde es profesor en la Universidad de Georgia, en el sur de Estados Unidos, y fue discípulo del difunto Peter Mair. El autor de La ultraderecha hoy es conocido por ser una de las voces más reconocidas en el estudio del populismo. Junto a Cristóbal Rovira-Kaltwasser es autor del célebre Populismo: una breve introducción (Alianza Editorial, 2019), un tratado en el que los investigadores dan una de las definiciones más aceptadas del fenómeno.

Lo que quizá sea menos conocido es que Mudde llegó al estudio del populismo como consecuencia de su interés por la ultraderecha. Aunque puede parecer curioso para un lector latinoamericano asociar al populismo con esta corriente política, lo cierto es que en Europa los movimientos y partidos populistas han estado mucho más vinculados con la tradición de derecha que con el socialismo o la izquierda. No resulta extraño entonces que la atención central del último libro de Mudde se dedique al estudio de los partidos de derecha populista radical, que en es la especie dominante dentro de lo que Mudde llama “la Cuarta Ola de la ultraderecha”, el periodo de la historia que vivimos actualmente, que comienza con el 11-S y pasa por Trump, el Brexit, y la crisis de 2008. 

Lenguaje, populismo y ultraderecha. La ultraderecha hoy es un libro pensado para una audiencia no académica en el que Mudde examina a la ultraderecha a través de una decena de capítulos que estudian su historia, su ideología, la forma en que se organiza y sus consecuencias. 

La primera parada del libro de Mudde no es histórica sino lingüística, pues para definir a la ultraderecha hay que hacerse cargo, de entrada, de la terminología. En pocas palabras, para Mudde la ultraderecha es toda aquella que está en contra de la democracia liberal. Estas organizaciones se dividen, a su vez, en dos grupos: la extrema derecha, que se opone totalmente a la esencia de la democracia, y la derecha radical, que aunque acepta el juego democrático y liberal en teoría, se opone a elementos claves de su funcionamiento (como el respeto a las minorías o el Estado de derecho). Es ésta última la que hoy es exitosa.

Mudde muestra que el problema de la ultraderecha actual no es sólo un asunto de populismo, como se suele explicar desde el saber convencional, sino de una combinación entre populismo, nativismo (la versión xenófoba del nacionalismo) y autoritarismo (la forma de pensar que reduce todos los problemas a una cuestión de ley, orden y mano dura). No se trata tampoco, como lo intentan encuadrar sus partidarios, de la expresión política de una mayoría silenciosa, sino al contrario, de una minoría que hace mucho ruido. 

La ultraderecha hoy: normalizada y heterogénea. Si bien la ultraderecha ha existido siempre, lo que hace única a la Cuarta Ola con la que convivimos hoy es que esa corriente se ha vuelto parte del mainstream político. De ser prácticamente unos parias políticos, hoy cada vez en más países partidos de ultraderecha son vistos como socios potenciales para pactar y formar gobierno, por no hablar de su influencia cultural. Sus ideas son debatidas en medios tradicionales y sus propuestas son cada vez más adoptadas, aunque sea de forma light. El resultado es que los límites entre la derecha tradicional y la radical hoy, a juicio de Mudde, son extremadamente porosos. Esto es notorio no sólo a nivel de discurso sino de políticas públicas: la migración y la seguridad, que antes resultaban un asunto de nicho para este tipo de partidos, hoy están en el centro del debate político en buena parte del mundo, adoptados incluso por partidos que se presentan como de izquierda.

Esta nueva derecha radical es bastante heterogénea: en ella puede contarse desde el Fidesz de Viktor Orbán en Hungría a los neonazis de Amanecer Dorado en Grecia. Sin embargo, su común denominador es un aumento en su éxito electoral y una influencia política que los trasciende e influye en otros partidos.  ¿A qué se debe este éxito? ¿Se trata de un asunto de oferta que depende del surgimiento de liderazgos carismáticos o es más bien un asunto de demanda, construido a partir de una serie de actitudes que ya existen en la sociedad y son encausadas políticamente? Mudde argumenta que en realidad se trata de una combinación de ambos. De igual manera, el texto intenta zanjar el debate entre las causas culturales y económicas del respaldo de políticos como Trump. Su conclusión es que detrás del éxito de la ultraderecha está la conversión de una serie de preocupaciones económicas —el estrés causado por la globalización— en preocupaciones socioculturales como, por ejemplo, la migración y la llegada de una sociedad multicultural que es vista como una amenaza.

El género en la ultraderecha. Como todo fenómeno político, la ultraderecha está atravesada por el género. Probablemente la parte más interesante y original de la obra de Mudde es la dedicada a este tema.  Si bien la derecha radical es sexista, su sexismo es, por así decirlo, “ambivalente”. Para Mudde, esta ambivalencia viene de combinar un “sexismo benevolente” (según el cual las mujeres son criaturas puras, pero débiles) con uno “hostil” (que ve a las mujeres como seres corruptos y políticamente poderosos). Tradicionalmente, en la ultraderecha ha dominado el sexismo “benevolente”, pero hoy el tipo “hostil” ha crecido, sobre todo dentro de internet. En este giro tienen mucho que ver las ideas que priman sobre la masculinidad: mientras que en el «sexismo benevolente» lo masculino se asocia al clásico “macho alfa”, para el «sexismo hostil» los hombres están “oprimidos” por las mujeres, lo que resulta en una combinación explosiva de masculinidad tóxica y misoginia. Este tipo de sexismo hostil está presente en muchas subculturas digitales alrededor de la ultraderecha como gamers, incels, y pickup artists, así como entre los seguidores de filósofos de YouTube como Jordan Peterson. El peligro está en que, como se ve a las mujeres como una amenaza, la violencia contra ellas se presenta como aceptable. Es precisamente la tolerancia a la violencia la que, de acuerdo con Mudde, mantiene al electorado de la ultraderecha como una población eminentemente masculina. No es el caso de los liderazgos, pues aunque el dirigente macho (por ejemplo, un Jair Bolsonaro) aún existe, ha dejado de ser la norma. Cada vez hay más mujeres dirigentes en la ultraderecha, desde Marine Le Pen del ex Frente Nacional hasta Alice Weidel, una mujer gay que lidera el partido ultraderechista AfD (Alternative für Deutschland) en Alemania. 

Respuestas ante la ultraderecha: algunas críticas. Mudde dedica uno de los capítulos finales de su obra a las respuestas que pueden darse ante el crecimiento de este fenómeno. Su conclusión no es optimista, pero sirve como una advertencia: la ultraderecha llegó para quedarse y contra ella no hay una “bala de plata”. El establecimiento de vetos o “cordones sanitarios” alrededor de partidos puede funcionar cuando cumple con ciertas condiciones, pero la respuesta ante este tipo de amenazas dependerá siempre del contexto de cada lugar. 

Quizá el capítulo dedicado a las respuestas ante la ultraderecha sea la parte del texto donde los lectores echen en falta algo más de imaginación y detalle. Mudde reitera que, para combatir a estos políticos, el énfasis debe estar en fortalecer la democracia liberal. Sin embargo, la experiencia muestra que los políticos con una agenda de este tipo, frecuentemente centrada en una oferta de tipo tecnocrática o sedicentemente centrista, suelen tener poco éxito a la hora de enfrentarse a populistas de derecha, como señaló Benjamin Moffitt (“The trouble with anti-populism: why the champions of civility keep losing”, en The Guardian). 

¿Qué posibilidades hay de enfrentar a la ultraderecha con este tipo de alternativas en un tiempo en el que se vive un Zeitgeist populista”, como el propio Mudde definió en un artículo? Más que la norma, habría que preguntarse si el reciente triunfo de Joe Biden ante Trump no es más bien una excepción. En este sentido, la construcción de alternativas de corte contrario al de la ultraderecha (es decir, a la izquierda y democrática) para hacerle frente a este tipo de políticos nativistas es algo que el libro no discute. De forma similar, la importancia de la movilización popular como resistencia ante gobiernos de ultraderecha es un tema que Mudde sólo menciona al pasar, aunque merece una discusión profunda. 

México, FRENA y la 4T. Lo planteado por Mudde está lejos de ser ajeno a nuestro país. Incluso en México, donde no hay propiamente un partido de derecha populista radical, existen sentimientos que podrían abonar al surgimiento de una opción política de esta naturaleza. Un ejemplo son las muestras de xenofobia que salieron a la luz luego de la crisis migratoria en Centroamérica a mediados de 2019. De acuerdo con encuestas de junio de ese año (Alejandro Moreno, “Aumenta el rechazo ciudadano a migrantes en México y crece el apoyo al cierre de la frontera”, en El Financiero), más del 70% de los mexicanos estaba de acuerdo con la deportación de los extranjeros sin documentos y apoyaba la militarización de las fronteras. 

No hay países vacunados contra la ultraderecha y el no tener hoy un partido de este tipo no significa que no lo tendremos mañana. 

Pese a que América Latina está lejos de ser el centro de la Cuarta Ola ultraderechista, tenemos cerca a uno de sus representantes más insignes: Bolsonaro. Reflejados en la experiencia brasileña, el incremento del poder institucional que han tenido militares y líderes evangélicos en la Cuarta Transformación de Andrés Manuel López Obrador no es una buena señal. Tampoco lo es cierta afinidad entre algunos núcleos del obradorismo, sobre todo en redes sociales, con las teorías de la conspiración alimentadas por el trumpismo. Por otro lado, la deriva de movimientos de oposición como FRENA y personajes como Gilberto Lozano son un foco rojo adicional que merece atención. La figura de George Soros, la vieja amenaza comunista, así como la xenofobia y el anti-feminismo son algunos de los temas predilectos de la ultraderecha presentes hoy en el discurso de FRENA. 

En el contexto en el que vivimos, una de las lecciones más importantes que deja la obra de Mudde es que el gran riesgo de la ultraderecha es su normalización. Incluso en donde no gobierna, sus puntos de vista pueden convertirse en un nuevo y peligroso sentido común que es preciso combatir.

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